ALVEOLARIO

Coordina: Ana Isabel Alvea
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IVÁN ONIA
















Publicaciones: Tumbada cicatriz (Plaquette), Ediciones en Huida, 2011; Galería de mundo y olvido, Ediciones en Huida, 2013; Hermanos de nadie, Karima Editora, 2015; El decapitado de Ashton, La Isla de Siltolá (obra finalista del primer certamen de poesía Antonio Colinas); Paseando a Míster O, Asociación Noctiluca, 2017; El hijo (de Sharon Olds), Maclein y Parker, 2018. Administra el blog de poesía y fotografía Las puntas del tiempo.

Yo soy el pescador,
el que con nardos llama a las sardinas,
el que tira cerezas a las olas.

En cada mano tengo un anzuelo
por si alguna vez ella se pregunta
¿quién
es el que atrapa la rana de mi estómago,
la langosta que pinza mi sangre,
el calamar que me nada en las venas?

Madrugo mucho,
llegaré a no dormir nunca pensando
en mi barca y en su blanco nombre de nadie.

Llegaré a no dormir nunca si anudo
mi red, si mastico un hueso de plata
y si llego el primero a los mercados
para vender mi historia:

yo soy el pescador,
el que enseña a flotar a las manzanas,
el que toca las branquias de la pena,
el que pincha la panza de la luna,
el que cose salabres con un lápiz,
el que le habla al ángel del agua,
el que cree que el fuego es la leyenda
que las sirenas cuentan a sus hijos.
El que ha escrito los peces esta noche.

Yo soy el pescador.
El que silba si en ella piensa.

II

LAS ESFERAS

Discutir por todo, ese parece ser su lema.

Como si cada cosa que encontraran en el mundo fuese una pequeña esfera que admitiera todas las miradas posibles. 
No una cuerda de la que tirar por los extremos para romperla y caer cada uno en un lado de la batalla. 
Esferas democráticas, manzanas de Ortega, planetas donde es al mismo tiempo de día y de noche, y ninguno de los dos miente. 

Lo más curioso es que, por mucho que chillen, jamás se escucha un grito en todo el edificio. 

Solo cuando a la noche hacen el amor, puede escucharse a él apartarle un rizo de la oreja y susurrarle: hacer el amor contigo vuelve las cosas simples.
Regreso a la caverna con un animal al hombro.
Me quito la gorra y bajo la cabeza cuando pasa el Rey.
Podría explicarle a un niño que si camina hasta el horizonte caerá por un precipicio.

La Tierra todavía es plana si te quitas un zapato.


III

BEAUTIFUL ACCIDENT 

Si no estás fracasando en este instante,
la belleza será siempre ese pájaro
a punto de asustarse sobre el cable
eléctrico,
el violín que nunca tuviste.

Si no estás fracasando ahora,
si el miércoles precede siempre al jueves,
si eres el algoritmo de papá,
la rebanada humana de mamá,
el niño gordo de la última fila
que no está fracasando en este instante,

jamás podrás ver la naranja azul
del paraíso,
la linterna de agua,
la carretera bajo la montaña.

El gato y la luz no se conformaron
a la primera:
vivieron gatos feos y raquíticos
siglos antes de que Cleopatra
los convirtiera en dioses contra el tiempo.
La luz necesitó que Dios muriera
para alumbrar los cuerpos sobre la hierba.

Nunca temas, fracasa.
La belleza no es más que un accidente,
alguien está llorando bajo el signo de Virgo.

Fracasa para hallar la voz dormida,
para regresar a las formas simples:
cuadrado, corazón, círculo, círculo.

Fracasa como este poema,

que ha tenido que romperse para existir.





JUAN CUEVAS
















Ha publicado varios poemarios: Perfume de tormenta (La oveja negra), Cabezabajo (La oveja negra), Poemaria (Ultramarina) y Mordido (Noctiluca). Fue finalista del Premio de poesía Juan Cervera y  del Plumier de versos. 


HE DEJADO EN TUS MANOS
todo lo que sobradamente me falta.
Jamás llegaré a ti
como hoy, que ya es mañana.
Ayer me ocupa este momento,
en el que al levantar tu cabeza
han muerto uno a uno
los pájaros que guardaste en mis bolsillos.
No quiero pedirte nada
que no sepa a iris.
Animal lento,
déjame aupar tus párpados
y medir el peso que me resta,
mirarte sin otros ojos
que no sean los tuyos.
Sabes diluir tiempo y sombra
en este hombro que acoge tu hueso
y lo hace carne.
Anda y ven donde fuimos lo que seremos,
Apenas tierra o polvo.
"Mas polvo enamorado".


VENDRÁS DESPUÉS.
Con cáscaras de naranjas,
algún verso aprendido en las paredes,
Venus en los tobillos.
Pedirás agua fresca
y mojarás tu pelo.
"El mar es un caballo en mi boca"
susurrarás para ti,
como sueña el mar sus orillas,
como acerca el mar tu nombre
y lo entierra en la arena.
Vendrás soñada o vencida,
será igual entonces...
Son tantos los nombres del olvido,
que apenas caben en una sola palabra.
Tomarás mi hombro
deshecho en los trigales,
asomarán tus ojos
por donde crecen los geranios.


EN EL CENTRO DE LA CIUDAD 
hay un dios de mazapán
ofreciendo caramelos azules
a los niños equivocados.
Sostiene en una mano el olvido inmediato.
Cuando todos se alejan
da de esnifar pólvora negra
a los caballos que relinchan a su espalda.
Nutre su cara una barba desinflada,
casi iconoclasta.
El rey de los judíos viaja en la línea C4
del metro que bordea los arrabales
y el hastío del tabaco liado.
Su tos, cercana como un desagüe,
amarilla como una sopa de sobre.
Los obreros compran boletos
que tuercen su diente picado
y celebran el aguardiente de sus ojos.
Los bares periféricos han colgado un jamón
y una muñeca con el ojo tuerto
por donde escapa el infinito.
Dios ha regresado
con su tatuaje de invierno.
Muerde el corazón de los camellos
bajo la estrella más alcoholizada.
Bebe un vino oscuro, gastado,
y mira de reojo a la muñeca tuerta.




ISABEL DE RUEDA
















Ha publicado Tu silencio en voces (Vitruvio, 2006), Pisadas sobre lienzo (EH Editores, 2009), A propósito del espejismo (Ayuntamiento de Espiel, 2011), Pizarras de agua (Editorial Premium, 2012), Horquillas en la ventana (Los libros de Umsaloua, 2014), Espejo de mano (Ejemplar Único, 2017), Memoria errante (Karima Editora, 2018). Ha participado en numerosas obras colectivas y ha obtenido varios premios poéticos.


A Ángeles Durán


LA ENSEÑANZA

Acaso la enseñanza
no consista en otra cosa,
que no sea, girar fichas   
                 
-llamemos fichas a las palabras-                                                         

Embadurnar
con trocitos de abrazos los fonemas
que nacen de la aurora 
sin columnas de cieno.   
                                                                                                              
En nombre de la aurora ser simiente.                                                                         

El magisterio del verbo duele, pero eleva,                                                       
lastima, pero ensancha,                                                                                      
une puentes y cose,
como una hermosa madre
las calcetas del  logos.                                           

Riega y abona.                                                                     

El magisterio  que hay en ti, amiga,                                                                             
apela en la pizarra de tus días felices,
niega las cadenas,
se icariza y pinta alas a los pupitres del sueño,

siempre es un quijote y Liberta.


ENHEBRAR

Enhebrar la vida. 
Paso a paso ir tejiendo
desde un  telar de sueños e intuiciones
nuestros trajes.

A la manera sufí, coser,
sabiéndonos parte de ese todo,
almas de un dedal
nacido hacia la luz.

Coser y bordar
hortensias y crisantemos.

En los bolsillo de ese traje,
                                           zurcir
una luna en una manga.

Teñir de olas los abrazos 
hasta alcanzar
otra forma de conciencia.
                                                
Engarzar retales 
de un sol en nuestras ropas,
otra forma nueva de vestir la vida.

  
 LA EXTRANJERA

           Un trasiego
           de pueblos y ciudades,
           de puentes y maletas hay en su rostro.

Una cascada
de sol entre sus ojos la delata.

Viene
de otra orilla y el abrazo,
y la memoria de otro continente
se eternizan
en los pliegues suaves de su boca.

Su nombre  acaso no sea Eva,
ni Lidia, ni Beatriz…
Pero llega
tejiendo el amarillo que le habita
en este trozo
de mapa y geografía.

Cosiendo el verde de su blusa
en la silueta de otra lengua hermana,
que ella exploras
                          insuflando
alma
en cada sílaba aprendida,
nuevas partituras en cada letra,
          nuevos signos… 
          Insuflando alma en las sagradas
          palabras  de los puentes.